Boris Mikhailov (1938)

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En una entrevista del 2011, la curadora Eva Respini preguntó a Boris Mikhailov su opinión acerca de quienes dudan del carácter documental de sus imágenes. La respuesta fue “Documentary cannot be truth”. En la misma entrevista, acerca de su obra “Case History”, Mikhailov ensaya algunas respuestas acerca del carácter de sus imágenes de indigentes ucranianos. La verdad, la imagen posada, el acto de pagar a los individuos fotografiados, la pobreza, la desnudez, la representación de una Ucrania post-soviética, etc. son algunos de los temas que surgen durante la conversación. Me interesa Mikhailov porque, como se puede leer en la entrevista, tiene una posición muy particular respecto a su quehacer fotográfico, el mismo que contiene una serie de matices interesantes para explorar.

Boris Mikhailov, Berlin, Germany, 2004  -Portraits (tomada de la web llesphotographes.com)

Autoretrato de Boris Mikhailov, Berlin, Germany, 2004 -Portraits (tomada de la web llesphotographes.com)

Ganador del Hasselblad Masters Award del año 2000 y considerado como uno de los fotógrafos más representativos de la Unión Soviética, en particular post perestroika. Mikhailov es un reto conceptual para para quienes persiguen la verdad en las imágenes documentales. Su trabajo es una constante paradoja; tuvo problemas con la KGB por la crudeza y sensualidad de sus imágenes, pero al mismo tiempo, al volver de Berlín, decide fotografiar indigentes en la ciudad de Kharkiv a quienes pagó para poder fotografiar, acto que parece justificar las razones de su censura. Un artista que desnuda (a veces literalmente) la degradación que lastima a los pobres de Ucrania, pero que al mismo tiempo debilita la veracidad de sus imágenes al remunerar a quienes se supone son un testimonio “real” de miseria y sufrimiento.

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Daidō Moriyama (1938)

Daido

Hace un tiempo vengo pensando que lo realmente valioso de un buen fotógrafo es la actitud que imprime en sus trabajos. Por actitud entiendo el vínculo entre la posición conceptual del fotógrafo, su propuesta material (las imágenes) y la coherencia de sus productos. A todo esto se añade el componente estético y lo que pueda, o no, gustarnos de las imágenes. Pero estoy llegando a considerar que no hay fotografía mala cuando la actitud es buena y que, incluso a nivel estético, la asociación entre concepto e imagen siempre juega a favor de nuestra lectura. Más allá de eso queda que podamos o no apreciar el arte en función a nuestro repertorio personal, o nuestros gustos.

En estos momentos estoy fascinado con la fotografía de Daidō Moriyama. Entre los recursos que podemos encontrar en la red, el que más llama mi atención es el documental Near Equal – Moriyama Daidou de Kenjirô Fujii En este pueden conocer un poco de la vida y filosofía de este gran fotógrafo. Además, el documental está hecho con maestría y es altamente recomendable.

Moriyama, en palabras de Nobuyoshi Araki (a quien pueden ver en el documental), convierte a la cámara en “su esclava“. En dirección contraria a lo que solemos ver hoy, donde la fotografía parece cada vez más a merced de la técnica por sobre el concepto. Daidō Moriyama lo hace desde los años 60.

No quiero transcribir el documental, pero sí resaltar algunas cosas interesantes que dibujan perfectamente la personalidad de Moriyama. Me impresionó mucho un segmento en el que revela sentir que hace lo mismo desde que empezó; algo que él describe como “copiar la realidad” mas no “crear a partir de la nada” (razón por la que duda etiquetar como “arte” a la fotografía). Por otro lado, su personalidad sencilla y humilde contrasta fuertemente con la potencia de sus imágenes, haciendo referencia a una especie de observación contenida del mundo, donde la mente está acelerada mientras el cuerpo se entrega a la calma y paciencia.

Desde un punto de vista técnico, la fotografía de Daidō Moriyama explota con excelencia esas características de las que hablan los fotógrafos japoneses vinculados a la revista Provoke. Lo que llaman el are-bure-boke. (tradicionalmente traducido como “grano, movimiento y desenfoque”). Elementos que participan activamente en el sentido de las imágenes de Moriyama.

Continuando con lo técnico, es conocido que utiliza una cámara análoga compacta modelo GR1v  (o quizá GR21) y he logrado ver en los videos que registran sus caminatas fotográficas (e intuyendo a partir de sus imágenes) que utiliza una película de ISO alto (apuesto que Ilford Delta 3200). Esto también se observa en las fotografías que circulan en internet. Usualmente en blanco y negro, grano grueso, enfoques poco naturales, contrastes altos, encuadres cándidos y siempre, siempre, mucho impacto visual.

Daido Moriyama: out of the darkness

Imagen tomada del artículo “Daido Moriyama: out of the darknes” – Link en la imagen.

Es complicado etiquetar la fotografía de Daidō Moriyama, no solo por la fragilidad del concepto “género fotográfico” (aquí un libro recomendado sobre esto), sino porque sus cuerpos fotográficos parecen carecer de ilación, incluso en los libros en los que se supone que hay una temática definida.

Algunos intentan clasificar a Moriyama como “fotógrafo callejero”, sin embargo, creo que esta etiqueta es más pequeña que las imágenes que encontraríamos en cualquier libro de Moriyama. En sus fotografías, lo importante no es lo que sucede fuera de la cámara, sino lo que sucede dentro de la cabeza del fotógrafo. No es un “copista” de lo real, aunque intente afirmar humildemente que no hace más que detener la realidad para mostrarnos su apariencia. No importa tanto la calle como la forma en que él mira esa calle y sus elementos. Esto queda en evidencia gracias al movimiento, desenfoque y grano, elementos que funcionan como símbolos del acto de mirar y no tanto como adornos estéticos en la composición.

En un momento del documental, Moriyama cuenta que alguna vez se cuestionó fuertemente la necesidad de fotografiar, proceso individual que lo llevó a pensar en dejar la fotografía (razón por la que publicó su más brillante libro “Shashin yo Sayonara” (traducido como “Farewell photography”). Según su propio testimonio (¿ya están viendo el documental?) interpreto que dejó de sentir a la cámara fotográfica como un “aparato” indispensable y tuvo una revelación respecto a que ésta es incapaz de transmitir cabalmente lo que sus ojos veían y recordaban. En este momento nace uno de los conceptos más interesantes y divertidos de Moriyama, el “naked eye photography”.

Es fácil reconocer al Japón de la post guerra en sus imágenes. Una nación que se recupera de la devastación, en sus elementos morales, políticos y sociales. Las imágenes de Moriyama (y de los demás fotógrafos de Provoke) tienen siempre esa sensación latente de provenir de un escenario de incertidumbre, desencuentro y fractura. Es por esto que Moriyama, incluso, se atreve a colocar copias de negativos con errores en el proceso de revelado, errores que nos podría remitir a heridas de guerra o efectos de la radiación nuclear.

Moriyama es la cámara. La fotografía que propone es básicamente la sublimación del acto de mirar. Las imágenes que nos presenta en sus libros son esencialmente fragmentos de su proceso cognitivo, la revelación de lo que atrapa con su actitud fotográfica. Conceptualmente, Moriyama es una interface entre las cosas y nosotros. Su concepto personal es su estilo.

Los dejo con algunas imágenes encontradas en internet:

Pueden encontrar más en su sitio web