in Fotografías

The Ladies Room es un proyecto con una justificación que nos presenta el baño público de las mujeres como un lugar de complicidad consensuada y libre de prejuicios.  Ciertamente estos lugares son escenarios de diversas dinámicas descritas por la autora, pero las fotografías que presenta están centradas en la mirada crítica de los sujetos sobre sí mismos, trascendiendo las relaciones descritas en la presentación de la serie, centrándose en su lugar, en la ilusión de reciprocidad con el espejo, el clásico engaño que Joan Fontcuberta describe en El Beso de Judas.

En las imágenes sobran las palabras de aliento por una belleza interior femenina, ahí se descubren las inseguridades que la mirada pública provoca sobre la superficie de la identidad, pues las mujeres miradas se convierten en sujetos que se miran con exigencia, analizando el reflejo mentiroso del espejo, midiendo la otra dimensión de su reflejo, optando por la perspectiva del Operator.

Rosanna Bach logra la empatía para permitirse estar ahí y convertirse en la tercera mirada (la primera mirada es la de los sujetos representados observando el espejo, la segunda mirada es la de los sujetos representados por el espejo mirándose a sí mismos), pero su empatía la engaña pues nos presenta su serie como un lugar sin prejuicios. Todo lo contrario, sus imágenes, su acercamiento, su empatía y su rapport dan cuenta del escrutinio del espejo, de su cualidad de juez principal de los arreglos de cabello, retoques de maquillaje y acomodos de la ropa. El prejuicio no está en la fotógrafa, está en las personas que se miran desde el espejo. Esto nos ubica a nosotros como la cuarta mirada, expectantes por saber en qué momento se dan cuenta que estamos ahí, cuestionando su apariencia junto a ellas. La fotógrafa, por otro lado, está en el paraíso donde puede pasar desapercibida porque la imagen que registra no tiene la inmediatez del espejo que critica.

Eso permite tener una serie con un potencial fascinante, quizá mal interpretado por Bach en su introducción. Lo que está en juego en las fotos es una crítica a la mirada de la calle sobre nosotros mismos, mujeres u hombres que se obsesionan por el pequeño detalle sobre la superficie. La piel es un nuevo espacio con una dimensión horizontal y una estructura transparente que incluye la vestimenta, el maquillaje y el peinado, las huellas de nuestro paso por el tiempo. En The Ladies Room se rompen los espacios privados de la excreción para convertirse en el espacio público del retoque mágico, los servicios higiénicos son los servicios de belleza al paso, cabinas de transformación y sujeción a la quinta mirada, la de los ojos que vieron a esas mujeres al salir.