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Desde hace mucho que esperábamos una exposición de fotografía contemporánea de las dimensiones con la que se ha realizado la de Wolfgang Tillmans en el Museo de Arte de Lima. No sólo se trata de una muestra reciente y sumamente importante, sino que contó también con una charla inaugural en la que el propio artista pudo explicar el proceso de su obra a lo largo de su carrera y las particularidades con las que decidió montar esta exposición en el MALI.

Es complicado vincular la obra de Tillmans a un estilo particular y además resulta una perogrullada comentar el estado de la cuestión de la fotografía contemporánea relacionándola a la dislocación de sus diversas manifestaciones, por eso prefiero hacer una crítica a la experiencia que se nos ofreció el día inaugural, retomando ciertos aspectos comentados por el fotógrafo y centrándome en el consumo de la imagen.

Tillmans se autodenomina un fotógrafo interesado por el soporte de su obra, no sólo en el sentido formal, sino también en el sentido conceptual del medio, es decir la hoja que carga la imagen. Por ello su interés en experimentar con fotocopias y con la materialidad del papel fotográfico, su expresividad al ser doblado y la visualidad que ofrece como papel en sí. Esta necesaria interrogación sobre el soporte lo lleva también a cuestionar la mirada que se le puede dar a las representaciones, fiel a un conceptualismo moderno/posmoderno que está en constante tensión con el origen epistemológico de la imagen fotográfica. De esta manera podemos encontrar una retícula conformada por fotografías de colores que, en armonía con el piso de la sala, establece una alegoría de la estructura de la luz. La experimentación no figurativa se logra también a partir del uso maniqueo de la cámara fotográfica como mera receptora de luz al ser despojada de la óptica que la convierte en cámara obscura. De especial interés pueden ser las mesas ubicadas en la sala interior de la muestra y cómo se concibe la obra a partir del vasto tema del archivo como lenguaje oficial y su inevitable miopía para admitir el intercambio horizontal de conocimientos.

La polémica más interesante tendría que ser la afirmación del fotógrafo por despreciar la pedagogía de las escuelas de fotografía que hacen incidencia en la formación de un estilo en sus estudiantes. El propio Tillmans es un camaleón del estilo, un eterno vagabundo entre la espontaneidad, el minimalismo, la performance al servicio de la imagen, la nueva objetividad, entre otras formas de fotografiar. Sin embargo, es importante entender la intención de su mensaje, el no preocuparse por la audiencia, por la palestra estelar, por convertirse en una descontextualización. Lo que importa es generar una obra propia libre de inmutabilidades, casi como un proceso post estructuralista de análisis visual que descompone los imaginarios en haikus, independientes, conclusivos, con corporeidad y en disonancia dentro del conjunto que una muestra como ésta tiene. Definitivamente no existe un prólogo, ni un epílogo, ni un comienzo, ni un final. La exposición se puede visitar de cualquier manera, salvo en simultáneo, ya que lo queda al final es una sensación, no una imagen.

Cosas por corregir, muy pocas, pero principalmente la traducción en tiempo real durante la charla, que fue bastante deficiente. Todo lo demás estuvo muy bien organizado, da gusto ir al MALI.

* Imagen que ilustra este post: Paper drop (roma) 2007.